Per tu Carme…

“Astres”, LLuís LLach

Neixen els astres

amb el teu primer batec del cor.

Neixen les albes

quan amb els ulls obres la llum

Neixem els astres

amb el teu primer batec del cor

Neixem les albes

quan amb els teus ulls obres la llum.

Como para muchos otros signos, los mitos relacionados con el signo de Tauro son numerosos y todos representan, de una forma u otra, la fuerza, la fecundidad, la unión con la tierra y con las divinidades femeninas agrícolas. El más importante y el más conocido es sin duda alguna el mito griego que narra la leyenda de Europa, la joven fenicia de la que Zeus se enamoró perdidamente. Se dice que el padre de los dioses, para poder raptar a la joven sin asustarla, asumió los rasgos de un espléndido toro blanco, se  acercó dulcementee y se arrodilló a su lado mientras la hermosa muchacha jugaba en la playa. Europa, admirada con tanta belleza, después de acariciarlo y mimarlo, sin ningún temor subió sobre él. El toro trotó ligeramente sobre la playa, distrayendo a la joven que ría, cantaba y se divertía. Pero de pronto, antes de que Europa se diera cuenta de ello y pudiera liberarse, el toro se metió en el mar y, rápido como un caballo alado, surcó las olas y  llegó hasta Creta donde tomó forma humana y la poseyó. En recuerdo de ello, Zeus regaló al cielo la constelación de Tauro. De la unión de Zeus y Europa nacieron tres hijos, uno de los cuales, Minos, añadirá otra pieza al mito taurino. Minos creció y un día provocó una discusión con sus hermanos por cuestiones de herencia. Para demostrarles su propia supremacía, Minos pidió al dios Poseidón que hiciera aparecer de las aguas un toro para sacrificarlo en su honor. Poseidón le concedió el deseo pero el toro era tan bonito y tan poderoso que Minos se lo quedó para él y lo sustituyó, en el sacrificio a Poseidón, por otro menos hermoso. El dios, enfadado, se vengó de él haciendo que Pasifae, la mujer de Minos, se enamorara del toro. Pasifae, a la que se le atribuye también otro mito, el de la diosa lunar, se unió al toro y fue fecundada. Trajo al mundo a un ser monstruoso de cuerpo humano y cabeza de toro al que se dio el nombre de Minotauro y que, por su fiereza, fue encerrado en el laberinto que Dédalo había construido en el palacio de Cnossos. Para no exponerse a las violencias del monstruo que se alimentaba de carne humana, el pueblo estaba obligado a sacrificar  con frecuencia a jóvenes en la flor de la vida. Un día Teseo del que estaba enamorada Ariadna, hija de Minos y de Pasifae, cansado de los excesos del monstruo decidió matarlo. Ayudado por Ariadna que le proporcionó el famoso ovillo con cuyo hilo consiguió no perderse en el laberinto. Teseo se enfrentó a Minotauro y lo mató.

Perquè de nit caces estels

enamorant dofins amb mirallets

de matí t’entristeix veure

el teu sostre desert.

Perqué a recert d’una gavina amiga

escrius pel cel la llibertat del vol,

sents que aquest traç l’han esborrat

dels carrers del teu món.

En el mito griego aparecen pues todos los elementos esenciales del signo de Tauro: la naturaleza humana que rechaza la propia divinida ante el placer de los sentidos ( Zeus que disfruta de Europa), la fertilidad (Europa que tiene tres hijos, uno de ellos los cuales, Minos, restablecerá la relación toro/hombre), la fuerza de los instintos y del poder que nos lleva a renegar de los compromiso adquiridos (Minos), los apetitos insaciables y violentos (Minotauro) y, en cambio, la capacidad racional, y el sentido del sacrificio (Teseo) y el maor protector (Ariadna). Sobre todo se remarca el conflito continuo entre racionalidad e irracionalidad, entre instinmto y razón, pecualiaridad del signo.

Son muchos otros los mitos que se relacionan con el signo de Tauro y son siempre contradictorios. Uno de ellos es el de Mitra, el dios védico, que mata al toro primitivo, considerado el representante de los peores instintos, creado por Arimane, dios del mal. Del cuerpo del toro sacrificado nacerán vegetales y animales para representar, otra vez, la fecundidad. Por este acto de coraje Mitra fue coronado por el Sol, que le reconoció todos sus poderes. Este mito representa la fuerza divina de la naturaleza  humana que tiene ventaja sobre los instintos bestiales y que puede llegar a la trascendencia.

Hi ha una aurora de geranis

en el ventre de la mar,

tens la vela blanca hissada

fa tants segles.

Neixen els astres

amb el primer batec del cor.

Neixen en les albes

quan amb els teus ulls obres la llum.

Neix la primavera

per al goig del teu cos,

neixen amb les roses

perquè els teus dits empaitin colors

Perquè en el gets de l’univers

aprens la frevolesa del teu cos,

oblides que tot l’univers és només si tu ets.

Finalmente, no podemos olvidar al buey egipcio Apis, que estaba consagrado a Osiris (el Sol) y sobre cuyos cuernos se situaba la media luna de Isis. Es este mito se pretendía demostrar, quizá la unión  de las fuerzas masculinas con las fuerzas femeninas para realizar no sólo el alimento sino también la procreación. Sin embargo, el mito se puede entender también como signo de la paciencia del buey que tira del arado y ayuda de esta forma a la madre tierra a dar sus frutos.

Perquè sents com la vella dama dansa

ets generós esperant l’ultim pas

sabent que només seràs en allò

que els altres guardin de tu.

Hi ha un volcà d’escuma blanca

que als vaixells serveix de far,

el nodreixen els teus somnis.

fa tants segles.

El signo de Tauro nos recuerda el Sol y la Luna, o el principio positivo y el negativo sin los cuales la manifestación no puede realizarse. La segunda imagen sugerida es el útero femenino, que en el signo del Aries estaba vacío y esperaba para ser fecundado, y en el Tauro se presenta lleno.

Neixen els astres,

neixen amb el primer batec del cor.

Això tens, això sóc;

alè immens, i tan poc.

El signo de Tauro empieza el 20 o el 21 de abril, cuando la primavera está en su plenitud, y la naturaleza nos presenta prados verdes y árboles floridos. La del Tauro es una tierra preparada para dar los primeros frutos, tierra húmeda, abonada, bien irrigada, rebosante de fertilidad. Los huevos se abren y nacen pequeños polluelos, mientras las larvas empiezan a moverse. El ambiente está perfumado, los colores son intensos, la belleza se manifiesta con todo su esplendor ( Venus en su expresión más sensual). El principio masculino se convierte ahora en principio femenino: la vaca, maternal, plácida, protectora, la gran madre. Y el toro se convierte en buey, paciente, unido a la tierra, tierra sembrada que ahora empieza a dar su frutos.

Per si ve la nit al teu cor

pots trobar estels en els ulls del carrer,

descobrir en la solitud

que només ets si els altres poden ser,

aprende a fer un niu amb les mans

per a unes mans sense gest ni escalfor,

saber dir adéu perquè així´

és com tu empenys el temps de l’avenir,

trobar en el coratge tendresa

i en la humilitat fermesa.

Neixen els astres

amb el teu primer batec del cor.

Neixen los albes

quan amb els ulls obres la llum…”