“… Aún asi, no cometeré el grave pecado de perder mi fe en el hombre, aceptando como definitiva la presente derrota. Miraré hacia el futuro con la esperanza de un renacer histórico cuando haya pasado este cataclismo y el cielo quede limpio de pasiones. Puede que un amanecer nuevo aparezca por el horizonte, viniendo del este, por donde sale el Sol; y entonces el hombre volverá a recorrer invicto, desafiando todos los obstáculos, el camino de la reconquista de su herencia perdida…” Mahatma Gandhi (Alma Grande)
Martín Luther King dijo: ” Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces y todavía no aprendimos a vivir como hermanos”.
Escucha hermano la canción de la alegria
el canto alegre del que espera
un nuevo día
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volverán a ser hermanos.
Ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volverán a ser hermanos
” Hoy he ido al puerto cuando ya estaba atardeciendo. Aunque me encanta pasear entre las redes, las cajas de pescado, las mercancías y el bulllicio de la gente, hacía tiempo que no me acercaba a esa hora del crepúsculo en que como si el día se resistiera a declinar definitivamente, la luz se torna casi desaparecida y el color de las aguas casi indefinible.
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Tú sabes cómo me gusta acercarme al puerto de Paros, cómo disfruto contemplando la cara de quienes llegan o de quienes se van, pues siempre hay un gesto que denuncia a los viajeros, a los afortunados que van a pisar la cubierta de un barco en busca de un rumbo distante.
Si en tu camino solo existe la tristeza
y el llanto amrgo
de la soledad completa,
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volveran a ser hermanos
Últimamente, sin embargo, me vence la melancolía, Marco, y no puedo evitar que la ansiedad me atrape cuando un barco enfila la bocana para entrar en el puerto. Supongo que siempre espero que aparezcas en alguna de esas naves de proas afiladas que, cada tarde, se abrigan en los muelles. Sé que no hay razón que me obligue a ello que tú estás atento a otros mundos, a otros quehaceres. Pero también sé que, como me dices en una de tus cartas, acabarás por venir a Paros a encontrarte con este paisaje del Egeo en el que todavía se agitan las olas que nos inundaron de felicidad.
Pensaba en todo esto mientras paseaba por las callejuelas del puerto. ¡Qué paz se respira cuando sólo nos rodean personas y trabajos! ¡Qué asible parece la felicidad cuando los ecos de la política, la lengua de los dirigentes y los rugidos de los ejércitos se hunden en el horizonte! Y, sin embargo, qué frágil me parece todo, qué efímeros esos instantes en los que siento que todos los mundos que me rodea están en equilibrio, en dulce y pacífico equilibrio.
Cuando siento esa sensación de paz, cuando miro a quienes me envuelven en las calles sin ver en ninguna cara la cara de un enemigo, siempre pienso en tí. Daría cualquier cosa (déjame utilizar esta expresión tan tuya) por compartir contigo esa sensación que, sin darte cuenta, sin habértelo propuesto, me enseñaste a percibir hace ya tiempo. Aunque sólo eso me hubieses enseñado, mi deuda contigo sería ya muy difícil de saldar. Por eso, al contemplar los rostros de gente que ha nacido en mundos que nunca conoceré, me siento cerca de una felicidad que sólo podría compartir contigo. Que sólo deseo compartí contigo.
Hoy, toda Roma vuelve a sus quehaceres como si la proclamación de los nuevos vencedores no supusiera más que una nueva gota de nostalgia en la sangre de quienes un día creyeron en la sinceridad de los candidatos e imaginaron que el brillo de sus hermosas togas cándidas acabaría por iluminar el sucio y oscuro túnel en que sus vidas se disuelven.
¿Qué hay en tí, Marco, para que no te sientas extraño en ningún lugar?¿Qué clase de humores equilibran en tu alma los olores de oriente, la luz de Grecia, el calor de los desiertos, la furia y la calma del mar? ¿Qué clase de dulces, de frágiles cadenas te unen con las playas de Tiro, con las calles de Roma, con los bosques de Hispania, con las aguas del Éufrates o con las huertas de Cartago? ¿Qué misterio ha hecho que hayas nacido en Damasco y en Atenas, en Troya y en Gadir, en Asia, África y Europa?.
Tu recuerdo me llena de sensaciones ; te descubro en cada rostro de los marinos que arriban al puerto; te huelo en cada especie; te entiendo en cada lengua que escucho. Gracias, Marco, porque ahora, al recordar nuestras conversaciones debajo de la parra de mi casa de Paros, veo que tenías razón: el mundo es un lugar en el que sólo habita un linaje, una raza : la raza de los hombres.
Si es que no encuentras la alegria
en esta tierra
búscala hermano
mas allá de las estrellas,
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volverán a ser hermanos…

















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