Arantza fue encarcelada, privada de su rutina y de sus roles sociales, por el juez Baltasar Garzón para impedir dar voz a más de cien mil votantes en Euskal Herria.¿Entonces quién es el/la terrorista?
Anibal Garzón | Para Kaos en la Red

Estando de residente temporal en Bilbao tuve la posibilidad de conocer personalmente a Arantza Urkaregi, justamente los meses previos a su detención. Una vez llegado a la ciudad y lleno de prejuicios morales creados por los valores sociales que nos imponen y retroalimentan los medios de comunicación oficiales fui a seguir periodísticamente la rueda de prensa de la izquierda abertzale el 21 de agosto[1] para chocar sociológicamente con esa ideología dominante institucional. En una sala estaban los convocantes, gente de todas las edades pero de un objetivo común, y entre ellos estaba Arantxa. Un amigo me la presentó antes de iniciarse el acto, y conversamos. Me miraba con sus lentes, su poca expresividad pero risueña constantemente. Como periodista ciudadano le comenté a Arantxa el interés de quedar con ella un día para explicarle el proyecto de comunicación participativa y plural que queríamos  potenciar,  Kaos.Euskal Herria. Ella no se negó sectariamente por la pluralidad del proyecto, sabiendo que muchos artículos de otros ciudadanos no le gustarían, sino que aceptó la cita. Nos intercambiamos teléfonos tras preguntarle, como personas de otros medios hubieran hecho, si sabía algo del líder de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi sobre su salida de prisión. Un líder de un partido político de masas preso, algo que no sucedía en ningún país europeo. Ella me avisaría del momento de su salida.

Varios días después Arantxa me llamó y me dijo que Otegi salía de prisión el día 30 de Agosto. Le agradecí su gesto diplomático y le aseguré que allí estaría a las 9 horas de la mañana como bien me informó. El día 30 a las 7:30 de la mañana me sonó el teléfono, era Arantxa. Me comunicó que Otegi ya había salido, se adelantó de madrugada, y era innecesario ir de Bilbao a Martutene (Guipuzoa). Le volví a agradecer el gesto informativo.

Pero esa amabilidad de Arantxa empezó a entrar en contacto con mis prejuicios, ¿por qué esa atención?, ¿por qué esa amabilidad?, ¿por qué cierto aprecio hacia nuestro trabajo voluntario? Arantxa sabía que otros medios irían a cubrir la salida de Otegi, medios con mejores instrumentos, mejor edición y con gente con más experiencia. ¿No ocultaba algo? ¿O en realidad nos apreciaba por nuestro trabajo autogestionado y constante de amplia información libre de control empresarial y estatal?

Estuve varios meses sin saber nada de ella, aunque tuve su teléfono en disposición, y ella el mío, por otros motivos de trabajo no contactamos. Hasta que el 20 de noviembre, una fecha que solamente recordaba por la muerte de Franco como algo importante, se hizo una manifestación en memoria de los asesinatos de dos dirigentes de la izquierda abertzale Santi Brouard (1984) y Josu Muguruza (1989) por el GAL (Grupo Antiterrorista Liberal) ese mismo día de calendario. A partir de aquí supe explícitamente que Euskal Herria tiene una historia diferente que muchos no conocemos, un conflicto que lo vemos desde un punto de vista institucional y tergiversado, un pasado de sufrimiento olvidado. En esta manifestación volví a ver a Arantxa y amablemente se ofreció a tomar un café pero después del Puente de la Inmaculada por sus compromisos como profesora universitaria de la UPV-EHU, su vida social, y asociativa. Finalmente no pudimos quedar por mi retorno fijo a Barcelona por las fiestas de Navidad. Pero mis intenciones de vuelta a Bilbao tenían en mente tener una cita con ella como ciudadana vasca con altos conocimientos políticos y gran toque de respeto democrático.

Después de 5 meses haciendo trabajo de campo en Bilbao, conociendo Euskal Herria, hablando con la gente y analizando el conflicto, pude romper con esas ideas preconcebidas de una realidad que no conocía, tan cerca en espacio y tan lejos en conocimiento. Pero un suceso fue lo que hizo la ruptura total, la detención de Arantxa.

Esa mujer, profesora, activista social pacífica, solidaria, contraria a ciertos aparatos de represión,… esa mujer adaptada a un orden social, sin esconder nada, sin ninguna doble vida, ni toques autoritarios de incomprensión… acababa siendo una terrorista, por presentar su nombre a una candidatura que votaron “nulamente” 100.924 personas el pasado 1 de Marzo, según el juez Garzón, un juez que ha aceptado esa “Transición española” donde el fascismo mató, torturó, violó y exilió a miles de personas. Vine con algo claro, mientras Arantxa emplea su tiempo y su seguridad personal, conociendo casos como el de Brouard y Muguruza, por querer dar voz a 100.924 votantes, el juez Garzón la detuvo para que esos votantes no pudieran hablar ese 1 de Marzo, ilegalizando un nuevo partido de bases de izquierda abertzale que encabezaba Arantxa, Demokrazia Hiru Milioi – Democracia 3 Millones. Imposible de presentarse el partido a las elecciones, presos sus 8 líderes, los 100.924 votantes no dejaron de hacer ruido, aunque fuera con voto “nulo”. Con la contabilización de ese voto, se sumaban al paquete 7 escaños que hubiese ganado D3M, 7 escaños perdidos que daban el gobierno autonómico a los partidos nacionalistas españoles, Partido Popular y Partido Socialista de Euskadi. Una vez pasadas las elecciones y su entorno post-electoral, ayer, día 24 de Marzo, Arantxa salió de la cárcel.

Si ser terrorista es presentarse para que puedan tener su representación un 9,3% de los electores votantes; profesores, bomberos, médicos, periodistas, taxistas, camareros, electricistas, fontaneros, parados,… más terrorismo es utilizar la vida de una persona privándola de su rutina y de sus roles (madre, profesora, hija, mujer,…) al trasladarla a prisión para conseguir un cambio de gobierno con la imposible presentación de un partido a las elecciones. Este es el toque democrático que se vive en Euskal Herria, un poder judicial, legislativo y ejecutivo, bien hermanados.

Aún así los movimientos sociales de un pueblo están por encima del parlamentarismo representativo deficitario.

¡Ongi Etorrri etxera Arantxa!

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