L@s revolucionari@s, l@s antifascistas, no pueden obviar la evidente realidad de opresión inherente al proyecto nacional español.

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La sentencia del Tribunal Constitucional en la que se afirma que no se reconoce otra realidad nacional en este Estado que la ”nación española”, una e indivisible, pone de nuevo sobre la mesa, y esta vez a través del más alto tribunal español, uno de los problemas políticos principales con los que nos enfrentamos, no ya l@s revolucionari@s, sino simplemente l@s demócratas en el Estado Español, y ello es la cuestión nacional.

Mantener una posición de “pasar” de esta cuestión es simplemente, en el mejor de los casos, irresponsable y suicida desde el punto de vista de la lucha popular y tiene una gravedad similar a la posición de ignorar la existencia de la dominación y explotación de clase o de género.

L@s revolucionari@s, l@s antifascistas, no pueden, si realmente lo son, obviar la evidente realidad de opresión inherente al proyecto nacional español, además con un claro contenido de clase.

No tomar posición en este conflicto político, objetivamente, al margen de las intencionalidades subjetivas de cada quien, supone hacerle un favor al enemigo de clase, la gran burguesía española y su entramado burocrático-político-mediático, así como al imperialismo que desde hace mucho tiempo ha dejado muy claro su apuesta por esa España, una e indivisible, que el Tribunal Constitucional reafirma ahora, por ello también es ingenuo hacer comparaciones, salvo en el terreno puramente agitativo, con lo ocurrido en otros lugares de Europa con problemas parcialmente similares, especialmente con el caso de Yugoeslavia, porque el imperialismo tenía en esos casos una posición muy diferente sobre el tema.

No tomar posición sobre este conflicto político de primer orden es hacerle objetivamente un favor al enemigo, pero obviamente aún es peor, e insistimos objetivamente hablando, incorporar el concepto ‘’España’’ al propio proyecto político que se pretende revolucionario o transformador, porque ello es en sí mismo una contradicción insalvable.

No se puede defender un proyecto nacional opresor, que responde a los intereses de clase de la gran burguesía española y del imperialismo, aunque sea de una forma ambigua o indirecta y al mismo tiempo pretender representar un proyecto revolucionario, por muy de rojo que este se tiña.

En Castilla esta cuestión tiene una importancia muy especial, porque es evidente que el bloque dominante español ha utilizado la lengua propia de nuestro Pueblo, el castellano, y diversos elementos de la superestructura jurídica y cultural nacional castellana para la construcción del proyecto nacional español. Para ello tuvieron que debilitar de forma extrema, previamente, al movimiento nacional-popular castellano, proceso iniciado con la derrota del movimiento comunero en los inicios del SXVI y continuado a lo largo de los siglos. Teniendo en los últimos tiempos su expresión más beligerante en la configuración del Estado Autonómico, en el que a Castilla se le negó su propia existencia, dividiéndose su territorio en cinco comunidades y dándose el auténtico esperpento de que existan dos que inician su nombre por Castilla, tal como es el caso de Castilla y León y de Castilla – La Mancha.

Esta cuestión no es en absoluto baladí, porque el enemigo de clase sabe muy bien que la supervivencia del proyecto nacional español necesita negar las diversas realidades nacionales sobre las que se impone, pero necesita muy especialmente que el sentimiento nacional-popular castellano siga dormido, porque si hay dos proyectos nacionales que son totalmente antagónicos en este Estado, aunque a primera vista pueda parecer otra cosa, son el castellano y el español.

Ello explica también la tremenda beligerancia del Sistema, muy especialmente del aparato mediático, hacia el movimiento castellanista, cosa que no ocurre en igual grado en otras naciones del Estado.

El bloque dominante española necesita como el oxígeno una Castilla unanimemente españolista, de derechas o de izquierdas, eso es secundario. Cualquier fisura significativa en esa hegemonía ideológica es letal para ellos y de ahí su actitud práctica.

Esta realidad exige de las organizaciones y personas que realmente poseen una voluntad transformadora afrontar la cuestión, posicionarse sobre ella. NO es admisible el nihilismo en el tema y por supuesto mucho menos la complicidad activa, aunque sea bajo maneras formalmente de izquierdas.

En Castilla, solo a través de la reconstrucción de una conciencia nacional-popular castellana podemos debilitar al españolismo protofascista, por eso l@s comuner@s del SXXI tenemos clara la alternativa: frente al españolismo fascistoide, castellanismo solidario y progresista.

Luis Ocampo – IzCa.
11 de julio de 2010

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