España está rota. Pero esto no es ninguna novedad. Y si está rota, bueno ¿y qué? ¿qué consecuencias tiene la ruptura? ¿Acaso al­guien se va a llevar los trozos a otra parte o se los va a quedar?

<!– –> ¿Acaso son pro­piedad de otros pobladores que no sean quienes los habitan? ¿Acaso alguien pierde algo con la ruptura, a no ser que tenga cicló­peos intereses a caballo entre el trozo y el todo? España es el “todo” menos Galiza, Euzkadi y Catalunya. Limítense a ella los quejicas que a todas horas gimotean porque España se rompe…

Y no es que España vaya a romperse, es que España está rota desde siempre. Unida por fuera a la fuerza, siempre estuvo hecha pedazos por dentro. Tres territorios tienen la suficiente entidad como para que se eman­cipen cuanto antes de sus seculares dominadores. Galiza, Euzkadi y Catalunya tienen una psicología, un idioma, una mentalidad, una sensibilidad y un sentido de la vida que nada tienen que ver con la psicología, el idioma, la mentalidad, la sensibilidad y el sentido de la vida que tienen los que por la fuerza de las armas o a base de gue­rra han puesto sus zarpas sobre ellos. Estos territo­rios, y los pue­blos que los habitan tienen, desde tiempo inmemorial, una concien­cia especial: la conciencia de vivir juntos convertida en vo­luntad po­lítica. Esas son las circunstancias o condiciones en cuya virtud un pue­blo se transforma en nación. Que se lo nieguen los que tienen la sartén por el mango, es una ignominia y hasta conculcan, llegado el caso, los Derechos Humanos que permiten decidir por sí mismo a cada pueblo.

La historia de esta España rota con sus trozos pegados como se pega un jarrón es la historia de una fuerza centrífuga ejercida por aquellos territorios a la que los verdugos han reaccionado con la fuerza centrípeta necesaria -incluida una guerra- para someterlos. Al final, siempre son las mismas credenciales: la fuerza bruta, o su amenaza.

Pero es que, además, desde que irrumpieron los políticos profe­sionales en escena y empezó la andadura de esta democracia falsi­ficada, han aparecido multitud de delincuentes políticos que agravan la situación. Delincuen­tes políticos que son de dos clases: los que siendo de­lincuentes se metieron a políticos, y los que siendo políti­cos se han convertido en delincuentes. Todos tienen en común que son agita­dores y reclaman para sí lo que niegan a los demás. Ellos son los que reinventan una y otra vez ese invento llamado España que no es otra cosa que una marmita comprimida. Sí, lo repito, Es­paña, tal como esos delin­cuentes políticos la entienden, es un in­vento. Como invento puro es Dios, libertad o justicia.

Tantas veces como han arreciado los escasos periodos de tiempo vividos por aquí en calma y liberalidad, cuando Galiza, Euzkadi y Catalunya han arreciado en sus aspiraciones soberanistas los ca­nallas las han liquidado con guerras sucias o con una guerra abierta.

Lo ideal, para muchos millones, es que España se rompa efectiva­mente de una vez y se descomponga en sus porciones na­turales. Sólo así podremos vivir todos en paz. Mientras eso no se cumpla, la cartografía de este país será un collage de naciones; una visible y dominante, y otras enterradas y dominadas. Pero siempre viendo y padeciendo todo el mundo las costuras.

Jaime Richart
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